miércoles, 13 de noviembre de 2013

ESPERANDO


Mi madre me acaba de comunicar que se va a Italia a pasar unos días y como no, le he encargado una trufa blanca.

Esperando a que vaya, vuelva y me la traiga, me voy a hacer un risotto al tartufo con unas trufas de verano fileteadas que he comprado en una de mis tiendas favoritas: Los Italianos.
Por eso de sacarme el antojo.
No es lo mismo, pero de momento me sirve.

Necesitaré 180gr de arroz, un litro y cuarto de caldo de pollo, dos puñados de Parmigiano rallado, un buen trozo de mantequilla, medio vaso de vino blanco, media cebolla y un potecito de trufas fileteadas.

Como siempre, trasparento la cebolla, esta vez con mantequilla. Le echo el arroz y lo remuevo, cuando está translúcido le añado el vino y dejo que se evapore.
Ahora le voy echando el caldo, removiendo y añadiendo hasta terminar la cocción.
Lo apago, le añado el queso, un trozo de mantequilla y lo vuelvo a mezclar.

Por último agrego las láminas de trufa, lo remuevo, lo emplato y lo llevo a la mesa.


sábado, 9 de noviembre de 2013

LÁGRIMAS AGRIDULCES


Voy a llorar un rato.

Esta noche vienen a cenar mi hijo y su mujer porque me van a volver a “prestar” los gatos un mes o dos.

He comprado unas cebollitas pequeñas y he decidido hacerlas en agridulce para acompañar unas hamburguesas.

Bien, bien, no estoy segura si lloro por la cebolla o porque me han enchufado los gatos.

Son muy fáciles de hacer aunque tardan un poco y te hacen llorar, las cebollas, no los gatos.

Necesitaré las cebollitas, aceite, mantequilla, azúcar, vinagre, laurel, vino blanco, sal y pimienta.

Llorando, pelo y lavo las cebollas y, en una sartén antiadherente con una hoja de laurel, las sofrío con aceite y mantequilla.

Cuando están un poco doradas les añado una cucharada de azúcar y dos de vinagre. Las remuevo y añado medio vaso de vino blanco. Las voy girando y dejando cocer a fuego lento tapadas. 

Si veo que se van quedando sin salsa, les añado un poco de agua.

Las voy tocando para ver si ya están todas tiernas. Estas han tardado bastante, aproximadamente una hora o más  porque eran un poco grandes.


Pruebo la salsa, corrijo de sal, les espolvoreo un poco de pimienta y, cuando están tiernas las destapo y dejo que la salsa se espese.

Están de muerte, ha valido la pena llorar.


jueves, 7 de noviembre de 2013

CUANDO SE ES UN DESPISTE...


El otro día decidí hacer una tartaleta de calabacines. Para ello necesitaba, dos calabacines, un huevo, un puñado de queso parmigiano, un par de dientes de ajo, una chorrito de leche, aceite, perejil y un rollo de pasta brisa.

Es muy sencillo y bueno.

Sofrío los ajos con dos o tres cucharadas de aceite, los quito y pongo los calabacines a rodajas para que se doren un poco. Les añado el perejil y la sal, los remuevo con cuidado y los reservo.
En un bol bato el huevo con el queso rallado, sal, pimienta y tres cucharadas de leche.

Entonces en un molde alto, como de plum-cake, le pongo el papel de horno y... 
¡San Apapurcio Benditoooo!!!
¿Qué es esto?
No era pasta brisa, eran milhojas de pasta finísima de hojaldre.
¿Porqué soy tan despiste y no me fijo en las etiquetas cuando compro?

Bueno. A grandes males, grandes remedios.

Cojo un par de hojas, las pongo forrando el molde y le recorto los trozos sobrantes. Sujetando con una mano y haciendo juegos malabares con la otra, consigo verter la mezcla de huevo sin que las hojas se doblen pues son muy finas.


Ahora le toca el turno a los calabacines. Los reparto encima y, entonces sí, suelto las milhojas. Como era de esperar, se doblaron un poco, pero no quedaba mal, parecía de diseño.
Encendí el horno a 180 y lo dejé hasta que se tostó un poco el hojaldre, más o menos tres cuartos de hora.
Al sacarlo, cogí los trozos sobrantes de pasta, los puse encima de un papel y los metí un momento al horno para que se tostaran, no los iba a tirar.

Y así de hermoso me quedó el invento.

domingo, 3 de noviembre de 2013

KTA TIENE PASTA


Hoy toca la que llamábamos “la pasta de Kta”, precisamente la que cenábamos siempre cuando venía a casa este amigo nuestro.
¿Qué son?
Pues muy sencillo son casi spaghetti all’amatriciana.
Cada vez que venía preguntaba: “¿Hay matriciana?”. Y, como no, había que hacérselos.

Aprovechando que viene una amiga a comer, los voy a hacer para el blog.

Necesitaré beicon, tomates, cebolla, guindilla picante, aceite, sal, pimienta y la pasta.

Esta receta difiere un poco de la original pues le he añadido la cebolla, he usado beicon ahumado en vez de fresco, lo he sofrito con aceite en vez de manteca de cerdo y la he mezclado con pasta corta en vez de con spaghetti. 
O sea, completamente diferente. Otro día compraré todo lo necesario y haré la original.


En una sartén pongo un poco de aceite y transparento media cebolla, luego añado guindilla picante y beicon ahumado troceado. Cuando ya están transparentes echo el tomate, salpimiento y lo dejo cocer alegremente unos diez minutos. Le añado la pasta poco escurrida, lo remuevo y le doy un par de vueltas en el fuego para que coja más sabor.

Tengo que acordarme de poner en la mesa el Parmigiano rallado por si mi amiga quiere.

Adiós, me voy que han tocado el timbre, ya ha llegado.

sábado, 2 de noviembre de 2013

SAN TULI CANASTILLAS


Mi gato y yo, no tenemos un día concreto para celebrar nuestro santo porque nuestro nombre es raro, raro, raro. Para no ser menos que los demás, hemos pensado que el 31 de Octubre, día de todos los santos, seguro que hay un huequecito para nosotros.
El nombre a incluir es Tuli Canastillas, ya que prácticamente vive en los cestos de hoja de palma que le regaló Cris y que hay por toda la casa (ver blog de los gatos).

¿Qué mejor que hacer unos dulces especiales que se hacen para este día?

Bien, aunque ya pasó, haremos unos panellets, dulces típicos de la región catalana para el día de todos los santos.

Mi receta básica para que salgan aproximadamente dos quilos lleva un quilo de almendras molidas, 800gr de azúcar, dos huevos, dos cucharadas soperas de patata hervida o de boniato al horno, una pizca de ralladura de limón y unos dos quilos de piñones.

A partir de aquí, voy dividiendo para hacer unos pocos, porque si me los como todos puedo reventar.

Haré la décima parte de la receta dividida para las dos maneras, con patata y con boniato. Entonces necesitaré: 100gr de almendras, 80gr de azúcar, un huevo, la ralladura de limón, 200gr de piñones, una cucharadita de patata y una de boniato.

Hiervo la patata y pongo el boniato al horno. Cuando están cocidos los dejo enfriar, los pelo y los machaco.

Cojo dos recipientes y pongo 50gr de harina de almendra en cada uno. Al que haré con la patata le añado 40gr de azúcar, un minipellizco de ralladura de limón, un cuarto de yema de huevo. Al del boniato, como es dulce, le pongo un poco menos de azúcar, 35gr, y luego los mismos ingredientes que el otro.  

Mezclo bien y al primero le añado una cucharita de patata chafada, y al segundo una de boniato.
Los trabajo bien los dos hasta que la almendra vaya soltando su aceite y quede una pasta uniforme y brillante.

Hago unos cilindros para poder cortarlos a rodajitas y que queden más menos iguales. Hago unas bolitas, las paso por la clara de huevo y las dejo que se sequen un poquito para que queden pegajosas.

Voy poniendo las bolitas en una fuente llena de piñones y, una a una, las aprieto con las manos llenas de piñones para que se queden bien pegados. Este es el peor momento de la receta. Es un rollo, lento y a veces no hay manera de que se queden enganchados.

Las coloco encima de papel de horno y las pincelo con huevo batido (me he pasado con el huevo, se pincelan, no se ahogan).

Se cuecen unos diez o doce minutos a 180/200° en horno sin aire, según horno.


Los dejo enfriar, los despego y los pongo en una bandejita pastelera.

He probado uno de cada y han salido buenísimos los dos. Para mí un pelín dulces. La próxima vez que los haga les quitaré 200gr de azúcar a la receta completa.


Si sobran, aguantan mucho tiempo en una caja, pero tan poquitos en un par de días desaparecerán.

P.D.: Moi, he hecho 229 fotos para que me salieran 16 imágenes. ¡Qué lo sepas!

jueves, 31 de octubre de 2013

¡OLE QUÉ SALERO!


El otro día me fui de recados con una amiga y acabamos, como no, en el super del Corte Inglés.

Paseando por los congelados vimos unos lomos de bacalao desalado bien gorditos al punto de sal de la casa Pescanova.
Como solo habían dos trocitos, sin pensarlo dos veces se me ocurrió hacerme un plato típico de la región de Venecia: baccalà alla vicentina.
Compré perejil, cebollas, leche y, por supuesto, el bacalao.
Cuando llegué a casa puse el bacalao en la nevera para que se descongelara lentamente y no perdiera jugosidad y usarlo al día siguiente, o sea ayer.

Así hice. He de puntualizar que mi receta es más sencilla de la original, pero la iré describiendo al mismo tiempo.

Corto la cebolla finita y la rehogo poco con tres o cuatro cucharadas de aceite. La apago –ahora se le tendrían que añadir unas anchoas removiendo para que se deshagan con el calor- y le añado el perejil picado.
Seco el bacalao, lo paso por harina y lo pongo en una fuente ligeramente aceitada.
Le pongo la cebolla con perejil –le espolvorean Parmigiano rallado por encima- y le echo la leche por los lados hasta media altura.
En el horno a 170° lo dejo unos 25/30 minutos –en Vicenza lo hacen en una olla de barro y lo guisan a fuego muy bajo durante unas 3/4 horas moviendo la cazuela en sentido giratorio sin remover - y ya lo tengo listo y gratinado.

¿A qué es más rápido y ligero el mío? Me olvidaba de decir que se suele servir acompañado de polenta.

miércoles, 30 de octubre de 2013

ROJO PASIÓN


Ya he hecho un risotto blanco, el básico. El que lleva espinacas es verde, y ahora, como siento una gran pasión por mi cocina, voy a hacer uno de color rojo. 
Un risotto rojo pasión.

Necesitaré lo de siempre: arroz tipo Carnaroli, cebolla, caldo, vino blanco, mantequilla, queso Parmigiano rallado y, como ingrediente extra, salsa de tomate.












Recupero del congelador un cubilete de salsa arrabbiata y lo descongelo a fuego lento mientras preparo el caldo.

Transparento la cebolla, le añado el arroz. Cuando está translúcido le echo el vino blanco y, en cuanto evapora, la salsa de tomate.

Remuevo y luego empiezo a poner el caldo caliente, removiendo y añadiendo hasta terminar la cocción. Lo dejo reposar un momento, le añado un trozo de mantequilla y lo mezclo para que se deshaga y coja ese aspecto cremoso típico del risotto. 

Lo emplato y lo llevo a la mesa con un bol de queso rallado por si alguien quiere.


martes, 29 de octubre de 2013

EMPAPELAO


Siempre he dicho que se puede utilizar papel de horno para hacer cosas en papillote, pues hoy haré una lubina. Me la he hecho limpiar y sacar toas, toas, toas las espinas para poder comerla sin tener que pasarla por el microscopio.
La verdad es que no hay cosa más incómoda que estar sacando las espinitas y encima siempre te cae alguna en la boca.

Será mi plato único. Le pondré unas patatitas, cebolla, tomate y lo que pille en la nevera.

 








Sofrío las cebollas y las patatas cortadas a rodajas con una pizca de aceite. Les añado un chorrito de vino blaco, luego un tomatito rallado y una pizca de tomillo, las dejo unos minutos más.


Las dispongo en el fondo de un trozo de papel de horno y les coloco encima el lomo de lubina, limpio de polvo y paja, poniéndole un poco de tomillo, vino blanco, aceite y sal.

Cierro el papel con dos lacitos y lo pongo al horno a 180 durante unos 15 minutos. Para no manchar el horno lo he puesto encima de un trocito de papel de plata. Ya sabéis que no me gusta limpiar.

¿Cuál es la gracia de este plato tan común?
Pues que no tiene espinas, que es muy cómodo y que para una cena con invitados el aspecto es muy llamativo.

¿O no? 


lunes, 28 de octubre de 2013

MEDIAS MANGAS A RAYAS BLANCAS Y MORADAS


No es un modelo de camiseta para el invierno, es una pasta típica del sur de Italia, concretamente de Sicilia. Las “mezze maniche rigate alle melanzane”. Traducción: medias mangas rayadas a las berenjenas.
No es que sea difícil de hacer, es un primer plato barato y muy impactante, pero un poco entretenido porque quiero servirlas dentro de las berenjenas.

Las medias mangas son un tipo de pasta parecido a los macarrones rayados, pero más cortas y más anchas.

Utilizaré, a parte de las berenjenas, cebolla, ajo, guindillas, tomate, albahaca, pasta, aceite, sal y pimienta.










Lavo las berenjenas, les corto la caperuza y un poco de la parte de abajo para que queden de pie, e intento vaciarlas por dentro sin romperlas porque no he encontrado el "vaciador de berenjenas" ni siquiera en el chino de al lado. La blanca ha quedado perfecta, pero la morada la he roto, agujereado y destrozado, la trocearé para la salsa y solo rellenaré una.

La pulpa que saco de dentro la reservo junto con la otra berenjena cortada a cuadraditos. 

Pongo la berenjena untada de aceite en el horno a 200° para darle una primera cocción unos 25/35 minutos, depende del grosor.
En una sartén sofrío la cebolla cortada, las guindillas y el ajo. Cuando está añado la pulpa que he reservado cortada a trocitos.

Lo sofrío todo y le añado el tomate. Dejo cocer una media hora y lo apago. Cuando no está muy caliente le añado un poco de albahaca cortada y le quito los ajos y las guindillas.
Hiervo la pasta un minutito menos de lo que pone en el paquete, la escurro poco y la mezclo con abundante salsa dándole un par de vueltas en el fuego para que coja más sabor. Es importante que haya mucha salsa para que no quede seca pues luego hay que ponerla en el horno.

Cuando la berenjena no quema, la relleno con la pasta salseada.
Ya la tengo lista para ponerla al horno a 160° unos 15 o 20 minutos antes de que llegue mi hijo. Se le puede poner Parmigiano por encima, pero no tengo ganas de rallarlo.

Menos mal que solo me ha salido una ya que me ha dicho que prefiere la pasta en el plato, sin tanta verdura. Total, yo me he comido la berenjena rellena y él el plato de pasta.