Últimamente el ajo crudo me hace mucha compañía. Si
lo como al mediodía, se toma el té de las cinco con las galletas. Si lo ceno, a
la mañana siguiente se pasea por el café con leche.
Sé que le pasa a muchas personas que conozco, a
parte los que son directamente alérgicos, pues tengo un truquillo que no suele
fallar.

También en los guisos y en otras salsas lo sofrío
entero, vigilando que no se desmenuce, y al final siempre lo quito.
Lo veré, lo saborearé pero no lo repetiré.
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